



























Con su hijo José en la residecia de la Alameda.

Gabriela rodeada por sus hijos. Joselito en el centro y Fernando y Rafael a ambos lados. Las damas son sus hijas Trini y Lola, sentada con su hija en brazos.
Rafael Gómez Ortega, el Gallo o el divino calvo, alcanzó la gloria del toreo en su época, siendo considerado un auténtico maestro. Su fama se vio incrementada con su fugaz matrimonio con Pastora Imperio. Joselito el Gallo es hoy una leyenda de la historia del toreo. En la Sevilla de la época fue tratado con honores de rey hasta en sus funerales.
La Señá Gabriela se convertiría así en una de las personalidades más respetadas y aclamadas de la Sevilla de principios del siglo XX. Era tratada como una auténtica reina madre y su forma de ser despertaba la atención de los intelectuales del momento. Gabriela representaba a la perfección el dolor de la mujer en los toros. Gabriela fue esposa y madre de toreros, ya que sus tres hijos fueron matadores: Rafael, Fernando y José. Sus hijas, además, también se casaron con toreros: Gabriela contrajo matrimonio con su primo hermano Enrique Ortega “el Cuco” (banderillero de Joselito), Trinidad se casó con Manuel Martín Vázquez y Lola con el célebre Ignacio Sánchez Mejías.

Visitando a s hijo Rafael tras sufrir una cogida. Al otro lado está su hija Trini.
Los días de corrida eran de auténtica pesadumbre en la casa de la Alameda. Allí tenían una pequeña capilla presidida por una imagen de la Virgen de la Esperanza Macarena, a la que rezaban todas las mujeres de la familia encabezadas por la Señá Gabriela hasta que llegaban las noticias en telegramas. Del mismo modo, en Semana Santa era costumbre que la Señá Gabriela fuese detrás de la Virgen de la Macarena durante toda la procesión, mientras que Joselito iba de nazareno.
Finalmente, Gabriela falleció en 1919 un año antes de la trágica muerte de Joselito en la Plaza de Talavera de la Reina.
Noticia de la muerte de Gabriela.
El semblante de majestad que desprendía la imagen de la Señá Gabriela fue captado por algunos escritores del momento. El periódico “La Lidia”, especializado en toros, la trataba con el título de reina madre y así el poeta José Antonio Ochaíta le dedicó un espléndido poema, coronándola como la reina de Sevilla y madre de los príncipes gitanos Rafael y José.
"La reina gitana" artículo especial dedicado a la Señá Gabriela.
El personaje y su historia llena de contrastes de profundo sufrimiento y desbordadas alegrías despertaron la atención del poeta Rafael de León, que sintetizó la personalidad de Gabriela en “Los niños de la Gabriela”. La copla fue compuesta para Lola Flores que la interpretó en la película “Embrujo”, por lo que fue muy difundida entre el público de la época. Su letra comienza recreando la estampa clásica de la imagen de la Señá Gabriela sentada en su mecedora, citando el abanico como uno de sus distintivos. También refleja el dolor y desesperación de las tardes cuando toreaban sus tres hijos, así como la intensidad del momento cuando llegaban las noticias…
Su nieta, la genial Gabriela Ortega Gómez recita "Baladillas de la Señá Gabriela" de Ochaíta.
"Embrujo" (1947) Lola Flores interpreta "Los niños de la Gabriela" (Quintero, Lón y Quiroga).
RITA ORTEGA FERIA: Mi Rita bonita.
Paquita Rico canta "Mi Rita bonita" (Solano y Oliveros).
Una imagen sorprendente y distinta.
Estética Pin Up.
Estrellita posa sugerente y sexy en 1933.
“Para mí, la felicidad hermana consiste en la risa. ¡Poder reírse a todas horas!, ¿se da usted cuenta de lo que eso supone?. Pues supone tener salud, tener dinero, tener alegría, tenerlo todo… ¡Que me dé Dios a mí una mijita de risa siempre y le aseguro a usted que con eso sólo seré la mujer más feliz de la Tierra!”.
A diferencia de la moda o de las tendencias, lo moderno perdura como tal a lo largo de los tiempos. Estrellita es hoy un ejemplo de modernidad en su época y en la actualidad, una modernidad que perdurará siempre en cada gesto suyo, en sus paseos, en sus brazos en jarra, en sus miradas, en el gracejo que irradian cada uno de sus guiños, en su perenne sonrisa, en sus ondas y peines en el cabello y por supuesto en aquel caracolillo , emblema de una mujer transgresora, cuya personalidad la hizo una eterna moderna, una diva.
Al final dos vídeos extraídos de la película “El barbero de Sevilla” muestran a una Estrellita Castro divinísima, divísima y extraordinariamente moderna.


Jovencísima.

Junto al Maestro Manuel Penella, su descubdridor.
Ataviada con un vistoso traje de inspiración valenciana.







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