jueves, diciembre 31, 2009

Personajes de Copla: Gabriela y Rita Ortega Feria.

LA SEÑÁ GABRIELA ORTEGA FERIA: Los niños de la Gabriela.

En la Andalucía de los cafés cantantes hubo un apellido, una saga de bailaores y cantaores que reinaron sobre los escenarios y tablaos… los Ortega, la dinastía que terminaría con uno de sus más aplaudidos nombres: Manolo Caracol.

Gabriela Ortega Feria nació en Cádiz en 1862, heredó de su familia el arte para el baile, destacando en las alegrías y los tangos. Siendo muy joven, con apenas 14 años debutó en el mítico Café de Silverio, alcanzando un gran éxito. Se dice en Sevilla que era tal la afluencia de público para verla bailar que el propio Silverio tenía que seleccionar a las personas que acedían.

Uno de estos asiduos era el torero Fernando Gómez García “el Gallo”, que se enamoró perdidamente de la bailaora. A partir de entonces se desencadena entre los dos una historia de amor casi de ficción.

La familia de Gabriela no aceptaba a Fernando como pretendiente de Gabriela, incluso le prohibieron acercarse a ella. Un día Fernando se aproximó a Gabriela y le rogó que se casasen sin que su familia se enterase; el Gallo preparó una boda falsa en su casa de la Plaza de la Mata, la ceremonia fue oficiada por su picador que hizo las veces de sacerdote, mientras que su banderillero ejerció de sacristán. Los hermanos de Gabriela cuando se enteraron de lo ocurrido fueron a por ella ya que era una menor y se la llevaron a Cádiz.

Fernando no desistió y viajó a Cádiz, donde alquiló una habitación de una pensión y simuló allí estar gravemente enfermo. El aviso de su gravedad llegó a oídos de Gabriela que fue corriendo a visitarle. El plan había funcionado, Fernando se la llevó a Sevilla y allí quedó embarazada.

Con su hijo José en la residecia de la Alameda.

Así pues nació el primero de sus hijos, Rafael Gómez Ortega, que vino al mundo en Madrid mientras su padre toreaba allí. Ya en Sevilla, en la residencia familiar de la calle Trajano, nacería Fernando, lo que obligó a la pareja a casarse definitivamente en la iglesia de San Martín. Seguidamente vinieron al mundo Gabriela, Trinidad, Dolores y Rita, ésta última falleció causando una pena tan grande a su madre, que llegó a enfermar gravemente. Ante este panorama un médico aconsejó que vivieran en el campo, lejos de la ciudad. Fernando alquiló una Huerta en Gelves, un pueblo de Sevilla, donde la familia recuperó la felicidad. Aquí nació el último de sus hijos, José.
En la Huerta de Gelves. Gabriela en el centro con el pequeño José en brazo. A su lado su marido Fernando con su hijo del mismo nombre. Dos de sus hijas sentadas en el suelo; la mayor es Gabriela. A la izquierda Rafael junto a una dama, que debe ser una de las hermanas de Gabriela.
En Gelves vivió la familia hasta la muerte de Fernando, que dejó a su viuda e hijos en una situación económica difícil. Gabriela y sus hijos vivieron en el barrio de la Macarena hasta que su hijo Rafael tuvo dinero y compró la casa de la Alameda de Hércules, que se haría tan famosa.

Gabriela rodeada por sus hijos. Joselito en el centro y Fernando y Rafael a ambos lados. Las damas son sus hijas Trini y Lola, sentada con su hija en brazos.

Rafael Gómez Ortega, el Gallo o el divino calvo, alcanzó la gloria del toreo en su época, siendo considerado un auténtico maestro. Su fama se vio incrementada con su fugaz matrimonio con Pastora Imperio. Joselito el Gallo es hoy una leyenda de la historia del toreo. En la Sevilla de la época fue tratado con honores de rey hasta en sus funerales.

La Señá Gabriela se convertiría así en una de las personalidades más respetadas y aclamadas de la Sevilla de principios del siglo XX. Era tratada como una auténtica reina madre y su forma de ser despertaba la atención de los intelectuales del momento. Gabriela representaba a la perfección el dolor de la mujer en los toros. Gabriela fue esposa y madre de toreros, ya que sus tres hijos fueron matadores: Rafael, Fernando y José. Sus hijas, además, también se casaron con toreros: Gabriela contrajo matrimonio con su primo hermano Enrique Ortega “el Cuco” (banderillero de Joselito), Trinidad se casó con Manuel Martín Vázquez y Lola con el célebre Ignacio Sánchez Mejías.

Visitando a s hijo Rafael tras sufrir una cogida. Al otro lado está su hija Trini.

Los días de corrida eran de auténtica pesadumbre en la casa de la Alameda. Allí tenían una pequeña capilla presidida por una imagen de la Virgen de la Esperanza Macarena, a la que rezaban todas las mujeres de la familia encabezadas por la Señá Gabriela hasta que llegaban las noticias en telegramas. Del mismo modo, en Semana Santa era costumbre que la Señá Gabriela fuese detrás de la Virgen de la Macarena durante toda la procesión, mientras que Joselito iba de nazareno.

Finalmente, Gabriela falleció en 1919 un año antes de la trágica muerte de Joselito en la Plaza de Talavera de la Reina.

Noticia de la muerte de Gabriela.

El semblante de majestad que desprendía la imagen de la Señá Gabriela fue captado por algunos escritores del momento. El periódico “La Lidia”, especializado en toros, la trataba con el título de reina madre y así el poeta José Antonio Ochaíta le dedicó un espléndido poema, coronándola como la reina de Sevilla y madre de los príncipes gitanos Rafael y José.

"La reina gitana" artículo especial dedicado a la Señá Gabriela.

El personaje y su historia llena de contrastes de profundo sufrimiento y desbordadas alegrías despertaron la atención del poeta Rafael de León, que sintetizó la personalidad de Gabriela en “Los niños de la Gabriela”. La copla fue compuesta para Lola Flores que la interpretó en la película “Embrujo”, por lo que fue muy difundida entre el público de la época. Su letra comienza recreando la estampa clásica de la imagen de la Señá Gabriela sentada en su mecedora, citando el abanico como uno de sus distintivos. También refleja el dolor y desesperación de las tardes cuando toreaban sus tres hijos, así como la intensidad del momento cuando llegaban las noticias…

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Su nieta, la genial Gabriela Ortega Gómez recita "Baladillas de la Señá Gabriela" de Ochaíta.


"Embrujo" (1947) Lola Flores interpreta "Los niños de la Gabriela" (Quintero, Lón y Quiroga).



RITA ORTEGA FERIA: Mi Rita bonita.


Tan legendaria como Gabriela, fue su hermana Rita Ortega Feria, apodada en el ambiente de los cafés cantantes como “La Rubia” por el color de su pelo que tanto llamó la atención.

Rita Ortega alcanzó una gran fama como bailaora, especialmente en Málaga donde se veía como una de las señas de identidad del Café de Chinitas. La fama y su temprana muerte la convirtieron en leyenda y así fue plasmada en la copla “Mi Rita Bonita”, compuesta por el Maestro Solano y Olivareros.

Mientras bailaba en el escenario del Chinitas, Rita despertó el amor en el empresario Francisco Monje, conocido popularmente como Paco “el Guarriro”. Era un gitano presumido, con cierta fortuna y con una vida muy holgada, tenía dos carnicerías y varios negocios relacionados con los cafés cantantes de Málaga. La pareja contrajo matrimonio y Rita se retiró del baile. Cuentan que eran muy famosos las salidas y paseos de ambos, siempre ataviados con sus mejores galas. Era muy frecuente encontrarlos en todos los focos sociales del momento, especialmente en la Plaza de Toros, donde tenían reservadas dos localidades.

Gabriela Ortega tuvo una gran competencia en el baile, La Mejorana. Se dice que la enemistad entre ambas era reconocida. Una noche ambas se batieron en un duelo de baile, que ganó La Mejorana y que trajo graves consecuencias para Gabriela, ya que estaba embarazada y sufrió un aborto. Años después, su primogénito se casaría en Madrid con la hija de La Mejorana, Pastora Imperio.

Una noche coincidieron en el escenario La Mejorana y Rita Ortega, ésta decidió vengarse de la Mejorana en honor a su hermana. La lucha entre ambas fue mediante el baile. Cuentan que la primera en bailar fue la Mejorana, que bailó mejor que nunca. Seguidamente Rita comenzó su baile frenético y enérgico, sin parar durante mucho tiempo, despojándose de sus zapatos. La pugna terminó con el triunfo de Rita, que se desmayó al terminar. Quedó tan mal tras el baile que murió pocos días después.

Su viudo, Paco, lloró su fallecimiento toda su vida. Jamás volvió a ir a los toros, aunque mantuvo la reserva de las dos localidades que solía ocupar la pareja. Los días de corrida sus asientos eran cubiertos con un mantón de seda negro bordado.

El malagueño Miguel de Molina popularizó la copla “Mi Rita bonita”, que introduce variaciones en el final respecto a la historia de la bailaora. La composición alcanzó un gran éxito, pero el exilio del artista motivó su desaparición. Posteriormente, sería rescatada por Paquita Rico.

Paquita Rico canta "Mi Rita bonita" (Solano y Oliveros).

lunes, diciembre 28, 2009

Visiones de Estrellita Castro

Una imagen sorprendente y distinta.


Estética Pin Up.

Estrellita posa sugerente y sexy en 1933.




“Para mí, la felicidad hermana consiste en la risa. ¡Poder reírse a todas horas!, ¿se da usted cuenta de lo que eso supone?. Pues supone tener salud, tener dinero, tener alegría, tenerlo todo… ¡Que me dé Dios a mí una mijita de risa siempre y le aseguro a usted que con eso sólo seré la mujer más feliz de la Tierra!”.



miércoles, noviembre 18, 2009

Estrellita Castro

Erase una vez un caracolillo en la frente...

Al igual que las grandes divas Estrellita Castro se creó a sí misma, sin reinventarse porque ni falta le hacía. Estrella se mantuvo fiel a sí misma, a su imagen y a esa estética tan particular, única y personal que la convirtió en todo un icono, siendo su principal signo de referencia el enroscado caracolillo que permaneció sobre su frente hasta el final de sus días.

A diferencia de la moda o de las tendencias, lo moderno perdura como tal a lo largo de los tiempos. Estrellita es hoy un ejemplo de modernidad en su época y en la actualidad, una modernidad que perdurará siempre en cada gesto suyo, en sus paseos, en sus brazos en jarra, en sus miradas, en el gracejo que irradian cada uno de sus guiños,  en su perenne sonrisa,  en sus ondas y peines en el cabello y por supuesto en aquel caracolillo , emblema de una mujer transgresora, cuya personalidad la hizo una eterna moderna, una diva.

Al final dos vídeos extraídos  de la película “El barbero de Sevilla” muestran a una Estrellita Castro  divinísima, divísima y extraordinariamente moderna.






Estrellita Castro - El pregón de la gitana.

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Estrellita Castro - Puerto camaronero.

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martes, octubre 20, 2009

Tras Nueva York: Álbum fotográfico de Conchita Piquer

En 1927 una jovencita Conchita Piquer debutaba en Madrid. Culminaba entonces una época que comenzó en 1922 cuando con apenas 16 años la artista pisaba por primera vez Nueva York. El antes y el después parecía una imposible; la niña humilde de 16 años que tan sólo alcanzaba a hablar valenciano regresaba cinco años después convertida en toda una estrella, “hablando inglés como un loro”, vestida con trajes y joyas que compró a su paso por Paris.

Atrás dejaba su nombre iluminado en los carteles del Park Teathre , donde tuvo un inesperado y sorprendente debut y del Winter Garden. Allí triunfó con “El florero” un pregón de un muchacho que vendía flores por Sevilla y que ella con todo su encanto entonaba en un entreacto de la ópera “El Gato Montés”, dirigida por el Maestro Penella.

Durante su estancia americana la prensa española se hizo eco de sus éxitos, de tal forma que aquí ya la esperaba un público que la veía como una auténtica estrella. Ya en España su estilo era más cercano al cuplé con piezas compuestas por el Maestro Font de Anta, algunas con letras del poeta Salvador Valverde. Su repertorio se completaba con el famoso “Florero” y otras canciones americanas para las que se transformaba. Su mayor éxito fue “En tierra extraña”, una de las canciones que por entonces le compuso el Maestro Penella.

Como cupletista Conchita lucía unos vistosos trajes con grandes volúmenes, tocados y brillante pedrería, la mayoría de ellos de Pepito Zamora. En este punto se introduce en la vida de Conchita Piquer una figura muy interesante y llamativa, Álvaro Retana, bautizado por Luis Antonio de Villena como “El ángel de la frivolidad”. Era un escritor y periodista hijo de un gobernador. Su homosexualidad descarada y pasión por el mundo del cuplé y los cafés cantantes era todo un escándalo en su época. Escribió para letras de cuplés y tonadillas para las más famosas del momento, como la Goya. También destacó como diseñador de trajes, entre ellos algunos de los que lució Conchita, gran amiga suya. Álvaro Retana admiraba el estilo inédito de Conchita, tal y como lo manifestó varias veces en su famoso libro “Historia del Arte Frívolo”: “El repertorio de Conchita adolescente, elaborado por Manuel Penella de acuerdo con los años veinte, era de entretenida diversidad: un charleston, una canción oriental, una evocación de La Revoltosa, otra de Dulcinea y un pasodoble, en el que figuraban unos compases de Suspiros de España, que fue el número bomba de la novel estrella. Aunque su mímica era muy deficiente, su belleza, juventud y simpatía le consiguieron rápidamente el puesto ambicionado por su lanzador”.

El interés de su perfil biográfico me obliga a dedicarle varias líneas más. Álvaro Retana se presentaba en sociedad como “un buen imitador del sexo de Eva”. Era frecuente verlo ataviado con un kimono muy ceñido, las cejas depiladas y los labios pintados. En época republicana hizo una aparición que sorprendió a todo Madrid, provocando un gran escándalo, cuando lideró una manifestación de proletarias con un espectacular traje de seda.

Cuando Madrid fue tomada en la Guerra Civil fue apresado acusado de “rojo y maricón”. Fue llamado a declarar al ser acusado por utilizar símbolos religiosos de forma irreverente. El fiscal lo acusó de beber semen de jóvenes en un cáliz, a lo que él contestaba: “Señoría, yo eso prefiero tomarlo directamente”. Así cayeron sobre él años de prisión y una condena de muerte, pero sorprendentemente, gracias a sus vínculos familiares, fue liberado por mediación del papa Juan XXIII. Murió en 1970 asesinado por un chapero.

Esta etapa de la vida de Concha Piquer ofrece un gran interés. Era una mujer joven, de gran desparpajo y belleza. Pareja sentimental del Maestro Penella. Como artista, su formación americana le aportaba una calidad que le hacía estar por encima de las cupletistas de la época. Esta fase llegaría a su fin cuando Concha comienza a trabajar con el Maestro Quiroga… Eso ya es otra historia.

Jovencísima.





Junto al Maestro Manuel Penella, su descubdridor.


Ataviada con un vistoso traje de inspiración valenciana.














martes, septiembre 29, 2009

“QUE SI, QUE SI, QUE LA PARRALA TIENE UN AMANTE: Historia, Mito y Copla”.

La postguerra en España y en el aire aquel estribillo, pegadizo y juguetón, que sonaba en todas las radios de los hogares, la letrilla que todo el mundo tarareaba, la música que se silbaba por las calles y los cantos que las niñas entonaban en el juego de la rueda.

“Que sí, que sí, que sí, que sí,
que a La Parrala le gusta el vino.
Que no, que no, que no, que no,
ni el aguardiente ni el marrasquino…”.


Aquella feliz copla no era más que una crónica detallada de la España más negra del siglo XIX. Sus estrofas encerraban la trágica historia de La Parrala, la cantaora flamenca más genial en el cante por siguiriyas, aquella que tenía su persona marcada por la desgracia, por el pecado, por la burla, la pasión, la noche y la sangre de sus amantes. La Parrala de la copla fue una fiera de dos cabezas: la de Trini y la de Dolores; su letra unificaba y mezclaba la historia y leyenda de ambas sin llegar a saber cuánto hay de una y cuánto de la otra.

En 1845 nacía en Moguer (Huelva) Dolores Parrales Moreno, conocida en los escenarios de los cafés-cantantes como “La Parrala”, sobrenombre artístico con el que también sería bautizada su hermana Trinidad, menos conocida, siempre en la sombra y eternamente atacada por “su voz demasiado dura”.

La Parrala fue uno de los nombres más imprescindibles en las noches de cafés-cantantes y colmaos andaluces. Se dijo de ella que era la mejor y más general cantaora de todos los tiempos, despertando la admiración de todo el mundo. Seguidora de Silverio, La Parrala actuó por toda España y también en Paris.

Pero si su arte motivaba ciento de comentarios, su vida despertaba con mayor fuerza las lenguas de doble filo. La duda siempre planeó sobe la vida de La Parrala, una mujer siniestra, llena de incógnitas, de afirmaciones sorprendentes y escabrosas y de enigmas que jamás se llegaron a resolver.

Decían de ella que tenía una belleza capaz de hipnotizar a los hombres, con los que jugaba y dominaba al igual que con su arte. La silueta de su semblante en los oscuros escenarios de los cafés-cantantes, de los colmaos despertaban los deseos de sus admiradores, que agotaban sus fuerzas sin obtener respuesta de ella.

Mucho se hablaba de sus amantes y del desenlace trágico que estos tenían, siempre arrebatados por la locura… un juego de sumisión que la llevó a ser considerada la venganza de las mujeres sufridoras hecha carne…

Los rumores forjaron al personaje, que la muerte convirtió en Mito y de ahí a la leyenda. Una historia que desempolva los ambientes nocturnos envueltos de pasiones, alcohol, flamenco y sangre; el cuento que todo el mundo contaba y que jamás nadie quiso dejar constancia de ello.

La Parrala estuvo casada con el guitarrista Paco el de Lucena, pero la leyenda narraba otra historia distinta, quizás relacionada con su hermana Trini. No se sabe. Esta historia le atribuía el amor de un industrial, un hombre que la seguía en todas su actuaciones y que consiguió despertar el amor de la cantaora, más por su poder que por su persona…

Trini, la Parrala.
La moguereña jugaba con él, como un titiritero con sus marionetas. Siempre estuvo rodeada de hombres y al tiempo echó en falta su vida nocturna y artística de la que andaba retirada. Abandonado ya su esposo, sólo un acontecimiento la frenó y la hizo regresar: el fallecimiento de su suegro y la cuantiosa herencia que el matrimonio recibió. Al poco tiempo su lujosa vida gastó toda aquella riqueza, dejando a su esposo abandonado y sumido en la más absoluta pobreza.

La Parrala volvía a los escenarios, cosechando mayor éxito que nunca y de vuelta con sus amores y amoríos que animaban los intríngulis de la Sevilla de entonces. En la capital andaluza se encontraba tras su huída con su nuevo amante, que también recibió los reveses que una mujer como aquella solo podía dar…

Su final estuvo marcado por las habladurías, por la pena de su historia que según muchos quería olvidar y que la persiguió hasta su lecho de muerte.

No hubo que esperar a su muerte para que esta historia se plasmara, aunque de forma ambigua, en los papeles. En 1904 Guillermo Núñez de Prado escribía en su libro “Cantaores andaluces, historias y tragedias”:

“… entró en la existencia por una senda sembrada de flores, flores que se convirtieron en terribles espinas para cuantos trataron de participar de ellas”. “Hermosa de una hermosura dominadora, atrayente y sugestiva, esta mujer ha jugado a la vida como otros juegan al monte o al bacarrat, se ha burlado de todo, de todo se ha reído, jamás tomó nada en serio, ni el matrimonio; nunca sintió una pasión profunda y duradera por nada, ni por el arte”.

Federico García Lorca atraído por lo que escuchó de su arte y lo legendario y azaroso de su vida, no dudó en dedicarle el poema “Café Cantante”:

“Lámparas de cristal
y espejos verdes.
Sobre el tablado oscuro,
la Parrala sostiene
una conversación
con la muerte.
La llama
no viene
y la vuelve a llamar.
Las gentes
aspiran los sollozos.
Y en los espejos verdes,
largas colas de seda
se mueven”.


A finales de 1939 Rafael de León era ya un exitoso letrista de coplas, su carácter amable le llevó a mantener una estrecha amistad con los componentes del otro trío dedicados a la creación de coplas, en este caso se traba de Xandro Valerio.

Valerio nació en Moguer y por ello la figura y la historia enigmática de La Parrala siempre fueron conocidas. La mención de Lorca, el carácter de la legendaria cantaora (acorde con el prototipo de las mujeres de sus coplas) fascinó a Rafael. Entre Xandro Valerio y Rafael de León escribieron la copla “La Parrala”.

La letra comienza con la duda sobre el origen de La Parrala, ¿de Moguer o de La Palma?. Sobre este detalle nunca existieron lagunas, puesto que todo el mundo sabía la procedencia exacta de la cantaora. Ella misma lo aclaraba en una famosa siguiriya:

“Moguereña soy, señores,
y lo llevo mucho a galaporque en todas la naciones
la Parrala es la que gana”.

La duda de la copla saltó a las páginas de libros sobre flamenco. Lo cierto es que esa entrada quizás fuese una fórmula recurrida por sus autores para enfatizar aún más el carácter enigmático que siempre marcó su vida.

También se hace referencia a la pasión que sentía hacia el vino. Se desconoce este dato, lo único cierto es que algunas versiones de la leyenda aseguran que La Parrala terminó sus días sumida en la tristeza, intentando desesperadamente borrar de su mente todo su oscuro pasado y quizás encontrase en el alcohol el mejor remedio para eso.

La letra fue tomada por el Maestro Quiroga, le puso música y en 1940 la ofrecieron a la que en estos años era su musa: doña Concha Piquer. La copla fue estrenada el 2 de enero de aquel mismo año, en la reaparición de Concha Piquer en el Teatro Calderón de Madrid. Allí actuaba dentro del espectáculo “Gran Compañía de Arte Folklórico Andaluz Escenificado”.

La Parrala, el éxito de doña Concha Piquer.
Aquí la valenciana actuaba junto a grandes nombres como la Malena, la Macarrona, la Niña de los Peines, etc. Ella estrenaba varias canciones “La Petenera”, “No te mires en el río”, “Ojos verdes” y “La Parrala”.

En esta época Concha Piquer estaba marcada por la inseguridad continua que la hacía dudar hasta de pisar el escenario. “La Parrala” no cayó en gracia de Concha, quien la quitó de su repertorio durante algunas semanas. Sin embargo, visto el éxito alcanzado por la canción, que se convirtió en la más popular del espectáculo, tuvo que retomar su interpretación.

Tal éxito llegó a obtener que las crónicas del momento afirmaban: “… al salir del teatro, todos tararean dos estrenos de la noche, que se harían rápidamente populares, la Parrala y la Petenera”.

Desde entonces hasta su retirada la copla acompañó a doña Concha Piquer en todas sus actuaciones, convirtiéndose junto a “Ojos verdes” en su estandarte y seña de identidad. El público de entonces recordaba su imagen, su postura correctísima, ataviada con mantilla mientras entonaba la copla al mismo tiempo que movía su abanico, un movimiento que acentuaba aún más aquel misterio tétrico de la Parrala.

La copla, su ritmo y composición eran idóneos para que doña Concha alardeara del dominio técnico de su voz, jugando con las entonaciones y pronunciaciones. Para la posteridad quedará su forma de decir, pausadamente, “por-tu-cul-pa-ha-sido, Trini, la Parra-la”… Muchos han considerado esta creación como la primera de las coplas. Rafael de León en vida hizo mención alguna vez a esta posibilidad. Resultaría complicadísimo, imposible, encontrar la primera copla; lo único cierto es que “La Parrala” en la voz y en la interpretación de doña Concha abrió un nuevo camino y forjó un estilo que estuvo vigente hasta que la copla murió.

Doña Concha Piquer llegó a grabar un total de tres versiones. La primera de ellas en diciembre de 1940. La segunda fue con motivo de la película “Me case con una estrella” donde cantó acompañada por la orquesta del Maestro Guillermo Cases. La volvió a grabar en 1955. También se conserva grabada su actuación, acompañada por la orquesta del Maestro Posadas, en La Habana durante 1951.

Hasta tal punto fue vinculada la copla con su intérprete que cuando falleció doña Concha Piquer se difundió la noticia de que fue amortajada con el traje mítico con el que interpretaba “La Parrala”. Según testimonio de su hija, ese dato es totalmente incierto. De hecho, podemos disfrutar de aquel maravilloso traje en la Casa-Museo de Concha Piquer (Valencia).

Doña Concha ataviada con el mítico traje de "La Parrala".


Doña Concha Piquer interpreta "La Parrala":

viernes, septiembre 04, 2009

PASTORA IMPERIO: álbum fotográfico.






Boda en Madrid con Rafael Gómez Ortega, El Gallo. Junto a Pastora su madre, La Mejorana.





Sentada a la derecha.


En 1905 retratada por el pintor José Villegas.

1922, retratada por Julio Romero de Torres.
Una costumbre de la prensa de la época: la caricatura.
El Gallo y la Imperio, una pareja muy comentada.















Con Rafael "El Gallo".

No llegaron ni al año de matrimonio, todo un escándalo en la época.










Mostrando el retrato que le hizo Villegas.
Con el poeta D. Rafael de León, letrista de la copla "Pastora Imperio".