martes, octubre 20, 2009

Tras Nueva York: Álbum fotográfico de Conchita Piquer

En 1927 una jovencita Conchita Piquer debutaba en Madrid. Culminaba entonces una época que comenzó en 1922 cuando con apenas 16 años la artista pisaba por primera vez Nueva York. El antes y el después parecía una imposible; la niña humilde de 16 años que tan sólo alcanzaba a hablar valenciano regresaba cinco años después convertida en toda una estrella, “hablando inglés como un loro”, vestida con trajes y joyas que compró a su paso por Paris.

Atrás dejaba su nombre iluminado en los carteles del Park Teathre , donde tuvo un inesperado y sorprendente debut y del Winter Garden. Allí triunfó con “El florero” un pregón de un muchacho que vendía flores por Sevilla y que ella con todo su encanto entonaba en un entreacto de la ópera “El Gato Montés”, dirigida por el Maestro Penella.

Durante su estancia americana la prensa española se hizo eco de sus éxitos, de tal forma que aquí ya la esperaba un público que la veía como una auténtica estrella. Ya en España su estilo era más cercano al cuplé con piezas compuestas por el Maestro Font de Anta, algunas con letras del poeta Salvador Valverde. Su repertorio se completaba con el famoso “Florero” y otras canciones americanas para las que se transformaba. Su mayor éxito fue “En tierra extraña”, una de las canciones que por entonces le compuso el Maestro Penella.

Como cupletista Conchita lucía unos vistosos trajes con grandes volúmenes, tocados y brillante pedrería, la mayoría de ellos de Pepito Zamora. En este punto se introduce en la vida de Conchita Piquer una figura muy interesante y llamativa, Álvaro Retana, bautizado por Luis Antonio de Villena como “El ángel de la frivolidad”. Era un escritor y periodista hijo de un gobernador. Su homosexualidad descarada y pasión por el mundo del cuplé y los cafés cantantes era todo un escándalo en su época. Escribió para letras de cuplés y tonadillas para las más famosas del momento, como la Goya. También destacó como diseñador de trajes, entre ellos algunos de los que lució Conchita, gran amiga suya. Álvaro Retana admiraba el estilo inédito de Conchita, tal y como lo manifestó varias veces en su famoso libro “Historia del Arte Frívolo”: “El repertorio de Conchita adolescente, elaborado por Manuel Penella de acuerdo con los años veinte, era de entretenida diversidad: un charleston, una canción oriental, una evocación de La Revoltosa, otra de Dulcinea y un pasodoble, en el que figuraban unos compases de Suspiros de España, que fue el número bomba de la novel estrella. Aunque su mímica era muy deficiente, su belleza, juventud y simpatía le consiguieron rápidamente el puesto ambicionado por su lanzador”.

El interés de su perfil biográfico me obliga a dedicarle varias líneas más. Álvaro Retana se presentaba en sociedad como “un buen imitador del sexo de Eva”. Era frecuente verlo ataviado con un kimono muy ceñido, las cejas depiladas y los labios pintados. En época republicana hizo una aparición que sorprendió a todo Madrid, provocando un gran escándalo, cuando lideró una manifestación de proletarias con un espectacular traje de seda.

Cuando Madrid fue tomada en la Guerra Civil fue apresado acusado de “rojo y maricón”. Fue llamado a declarar al ser acusado por utilizar símbolos religiosos de forma irreverente. El fiscal lo acusó de beber semen de jóvenes en un cáliz, a lo que él contestaba: “Señoría, yo eso prefiero tomarlo directamente”. Así cayeron sobre él años de prisión y una condena de muerte, pero sorprendentemente, gracias a sus vínculos familiares, fue liberado por mediación del papa Juan XXIII. Murió en 1970 asesinado por un chapero.

Esta etapa de la vida de Concha Piquer ofrece un gran interés. Era una mujer joven, de gran desparpajo y belleza. Pareja sentimental del Maestro Penella. Como artista, su formación americana le aportaba una calidad que le hacía estar por encima de las cupletistas de la época. Esta fase llegaría a su fin cuando Concha comienza a trabajar con el Maestro Quiroga… Eso ya es otra historia.

Jovencísima.





Junto al Maestro Manuel Penella, su descubdridor.


Ataviada con un vistoso traje de inspiración valenciana.














martes, septiembre 29, 2009

“QUE SI, QUE SI, QUE LA PARRALA TIENE UN AMANTE: Historia, Mito y Copla”.

La postguerra en España y en el aire aquel estribillo, pegadizo y juguetón, que sonaba en todas las radios de los hogares, la letrilla que todo el mundo tarareaba, la música que se silbaba por las calles y los cantos que las niñas entonaban en el juego de la rueda.

“Que sí, que sí, que sí, que sí,
que a La Parrala le gusta el vino.
Que no, que no, que no, que no,
ni el aguardiente ni el marrasquino…”.


Aquella feliz copla no era más que una crónica detallada de la España más negra del siglo XIX. Sus estrofas encerraban la trágica historia de La Parrala, la cantaora flamenca más genial en el cante por siguiriyas, aquella que tenía su persona marcada por la desgracia, por el pecado, por la burla, la pasión, la noche y la sangre de sus amantes. La Parrala de la copla fue una fiera de dos cabezas: la de Trini y la de Dolores; su letra unificaba y mezclaba la historia y leyenda de ambas sin llegar a saber cuánto hay de una y cuánto de la otra.

En 1845 nacía en Moguer (Huelva) Dolores Parrales Moreno, conocida en los escenarios de los cafés-cantantes como “La Parrala”, sobrenombre artístico con el que también sería bautizada su hermana Trinidad, menos conocida, siempre en la sombra y eternamente atacada por “su voz demasiado dura”.

La Parrala fue uno de los nombres más imprescindibles en las noches de cafés-cantantes y colmaos andaluces. Se dijo de ella que era la mejor y más general cantaora de todos los tiempos, despertando la admiración de todo el mundo. Seguidora de Silverio, La Parrala actuó por toda España y también en Paris.

Pero si su arte motivaba ciento de comentarios, su vida despertaba con mayor fuerza las lenguas de doble filo. La duda siempre planeó sobe la vida de La Parrala, una mujer siniestra, llena de incógnitas, de afirmaciones sorprendentes y escabrosas y de enigmas que jamás se llegaron a resolver.

Decían de ella que tenía una belleza capaz de hipnotizar a los hombres, con los que jugaba y dominaba al igual que con su arte. La silueta de su semblante en los oscuros escenarios de los cafés-cantantes, de los colmaos despertaban los deseos de sus admiradores, que agotaban sus fuerzas sin obtener respuesta de ella.

Mucho se hablaba de sus amantes y del desenlace trágico que estos tenían, siempre arrebatados por la locura… un juego de sumisión que la llevó a ser considerada la venganza de las mujeres sufridoras hecha carne…

Los rumores forjaron al personaje, que la muerte convirtió en Mito y de ahí a la leyenda. Una historia que desempolva los ambientes nocturnos envueltos de pasiones, alcohol, flamenco y sangre; el cuento que todo el mundo contaba y que jamás nadie quiso dejar constancia de ello.

La Parrala estuvo casada con el guitarrista Paco el de Lucena, pero la leyenda narraba otra historia distinta, quizás relacionada con su hermana Trini. No se sabe. Esta historia le atribuía el amor de un industrial, un hombre que la seguía en todas su actuaciones y que consiguió despertar el amor de la cantaora, más por su poder que por su persona…

Trini, la Parrala.
La moguereña jugaba con él, como un titiritero con sus marionetas. Siempre estuvo rodeada de hombres y al tiempo echó en falta su vida nocturna y artística de la que andaba retirada. Abandonado ya su esposo, sólo un acontecimiento la frenó y la hizo regresar: el fallecimiento de su suegro y la cuantiosa herencia que el matrimonio recibió. Al poco tiempo su lujosa vida gastó toda aquella riqueza, dejando a su esposo abandonado y sumido en la más absoluta pobreza.

La Parrala volvía a los escenarios, cosechando mayor éxito que nunca y de vuelta con sus amores y amoríos que animaban los intríngulis de la Sevilla de entonces. En la capital andaluza se encontraba tras su huída con su nuevo amante, que también recibió los reveses que una mujer como aquella solo podía dar…

Su final estuvo marcado por las habladurías, por la pena de su historia que según muchos quería olvidar y que la persiguió hasta su lecho de muerte.

No hubo que esperar a su muerte para que esta historia se plasmara, aunque de forma ambigua, en los papeles. En 1904 Guillermo Núñez de Prado escribía en su libro “Cantaores andaluces, historias y tragedias”:

“… entró en la existencia por una senda sembrada de flores, flores que se convirtieron en terribles espinas para cuantos trataron de participar de ellas”. “Hermosa de una hermosura dominadora, atrayente y sugestiva, esta mujer ha jugado a la vida como otros juegan al monte o al bacarrat, se ha burlado de todo, de todo se ha reído, jamás tomó nada en serio, ni el matrimonio; nunca sintió una pasión profunda y duradera por nada, ni por el arte”.

Federico García Lorca atraído por lo que escuchó de su arte y lo legendario y azaroso de su vida, no dudó en dedicarle el poema “Café Cantante”:

“Lámparas de cristal
y espejos verdes.
Sobre el tablado oscuro,
la Parrala sostiene
una conversación
con la muerte.
La llama
no viene
y la vuelve a llamar.
Las gentes
aspiran los sollozos.
Y en los espejos verdes,
largas colas de seda
se mueven”.


A finales de 1939 Rafael de León era ya un exitoso letrista de coplas, su carácter amable le llevó a mantener una estrecha amistad con los componentes del otro trío dedicados a la creación de coplas, en este caso se traba de Xandro Valerio.

Valerio nació en Moguer y por ello la figura y la historia enigmática de La Parrala siempre fueron conocidas. La mención de Lorca, el carácter de la legendaria cantaora (acorde con el prototipo de las mujeres de sus coplas) fascinó a Rafael. Entre Xandro Valerio y Rafael de León escribieron la copla “La Parrala”.

La letra comienza con la duda sobre el origen de La Parrala, ¿de Moguer o de La Palma?. Sobre este detalle nunca existieron lagunas, puesto que todo el mundo sabía la procedencia exacta de la cantaora. Ella misma lo aclaraba en una famosa siguiriya:

“Moguereña soy, señores,
y lo llevo mucho a galaporque en todas la naciones
la Parrala es la que gana”.

La duda de la copla saltó a las páginas de libros sobre flamenco. Lo cierto es que esa entrada quizás fuese una fórmula recurrida por sus autores para enfatizar aún más el carácter enigmático que siempre marcó su vida.

También se hace referencia a la pasión que sentía hacia el vino. Se desconoce este dato, lo único cierto es que algunas versiones de la leyenda aseguran que La Parrala terminó sus días sumida en la tristeza, intentando desesperadamente borrar de su mente todo su oscuro pasado y quizás encontrase en el alcohol el mejor remedio para eso.

La letra fue tomada por el Maestro Quiroga, le puso música y en 1940 la ofrecieron a la que en estos años era su musa: doña Concha Piquer. La copla fue estrenada el 2 de enero de aquel mismo año, en la reaparición de Concha Piquer en el Teatro Calderón de Madrid. Allí actuaba dentro del espectáculo “Gran Compañía de Arte Folklórico Andaluz Escenificado”.

La Parrala, el éxito de doña Concha Piquer.
Aquí la valenciana actuaba junto a grandes nombres como la Malena, la Macarrona, la Niña de los Peines, etc. Ella estrenaba varias canciones “La Petenera”, “No te mires en el río”, “Ojos verdes” y “La Parrala”.

En esta época Concha Piquer estaba marcada por la inseguridad continua que la hacía dudar hasta de pisar el escenario. “La Parrala” no cayó en gracia de Concha, quien la quitó de su repertorio durante algunas semanas. Sin embargo, visto el éxito alcanzado por la canción, que se convirtió en la más popular del espectáculo, tuvo que retomar su interpretación.

Tal éxito llegó a obtener que las crónicas del momento afirmaban: “… al salir del teatro, todos tararean dos estrenos de la noche, que se harían rápidamente populares, la Parrala y la Petenera”.

Desde entonces hasta su retirada la copla acompañó a doña Concha Piquer en todas sus actuaciones, convirtiéndose junto a “Ojos verdes” en su estandarte y seña de identidad. El público de entonces recordaba su imagen, su postura correctísima, ataviada con mantilla mientras entonaba la copla al mismo tiempo que movía su abanico, un movimiento que acentuaba aún más aquel misterio tétrico de la Parrala.

La copla, su ritmo y composición eran idóneos para que doña Concha alardeara del dominio técnico de su voz, jugando con las entonaciones y pronunciaciones. Para la posteridad quedará su forma de decir, pausadamente, “por-tu-cul-pa-ha-sido, Trini, la Parra-la”… Muchos han considerado esta creación como la primera de las coplas. Rafael de León en vida hizo mención alguna vez a esta posibilidad. Resultaría complicadísimo, imposible, encontrar la primera copla; lo único cierto es que “La Parrala” en la voz y en la interpretación de doña Concha abrió un nuevo camino y forjó un estilo que estuvo vigente hasta que la copla murió.

Doña Concha Piquer llegó a grabar un total de tres versiones. La primera de ellas en diciembre de 1940. La segunda fue con motivo de la película “Me case con una estrella” donde cantó acompañada por la orquesta del Maestro Guillermo Cases. La volvió a grabar en 1955. También se conserva grabada su actuación, acompañada por la orquesta del Maestro Posadas, en La Habana durante 1951.

Hasta tal punto fue vinculada la copla con su intérprete que cuando falleció doña Concha Piquer se difundió la noticia de que fue amortajada con el traje mítico con el que interpretaba “La Parrala”. Según testimonio de su hija, ese dato es totalmente incierto. De hecho, podemos disfrutar de aquel maravilloso traje en la Casa-Museo de Concha Piquer (Valencia).

Doña Concha ataviada con el mítico traje de "La Parrala".


Doña Concha Piquer interpreta "La Parrala":

viernes, septiembre 04, 2009

PASTORA IMPERIO: álbum fotográfico.






Boda en Madrid con Rafael Gómez Ortega, El Gallo. Junto a Pastora su madre, La Mejorana.





Sentada a la derecha.


En 1905 retratada por el pintor José Villegas.

1922, retratada por Julio Romero de Torres.
Una costumbre de la prensa de la época: la caricatura.
El Gallo y la Imperio, una pareja muy comentada.















Con Rafael "El Gallo".

No llegaron ni al año de matrimonio, todo un escándalo en la época.










Mostrando el retrato que le hizo Villegas.
Con el poeta D. Rafael de León, letrista de la copla "Pastora Imperio".

martes, junio 23, 2009

OCAÑA, la vida entera es un teatro.


"Yo soy un teatrero, pero puro".


José Pérez Ocaña.


“Ocaña, pintor y travesti”. Con esta denominación se solía presentar a Ocaña en numerosas publicaciones. El titular, tan genérico como incorrecto, molestaba muchísimo al artista y es que la etiqueta de travesti nublaba una de las pasiones de Ocaña, otra de sus manifestaciones artísticas donde mostró un mayor nivel de modernidad… el teatro.


A Ocaña le fascinaba el Arte Dramático, se quedaba hechizado ante aquellos actores que, una vez encendidos los focos, eran capaces de metamorfosearse en los personajes más variopintos. La transformación, por tanto, será una de las máximas en su trayectoria artística.


El teatro llenó por completo su pintura, su arte y su propia vida. Durante su última etapa, se consideraba actor de “teatrillos”, pequeñas escenas de corte popular que interpretaba en plena calle o en interiores. Ocaña lograba con este tipo de actos uno de sus objetivos fundamentales: la provocación. Transformarse en mujer, adquirir una personalidad distinta e improvisar cualquier interpretación en plena calle se convertía para él en la mejor forma de escandalizar y reivindicar, tanto los derechos de las personas marginales, como el folklore andaluz. De la simbiosis de ambas circunstancias nace la figura y el arte de Ocaña.


Innovador, trabajador incansable, creativo, irónico… no dudó en incrementar la importancia de esos “teatrillos” incorporando nuevos elementos creados por él, alcanzándose así una obra completa del artista. Llegados a ese punto, hay que hablar de la escultura en la obra de Ocaña, una faceta muy poco estudiada y relegada a favor de su pintura.


Ocaña, artista sin recursos económicos, comenzó a trabajar la técnica del papel maché con gran destreza, adquiriendo sus figuras la misma intensidad expresionista que sus pinturas, en las que también plasmaba influencias de Chagall, Matisse o Modigliani. El papel de periódico, la cola y los alambres dieron forma a todos y cada uno de los fetiches del artista, aquellos elementos que configuraban su mundo, los objetos y las imágenes que formaban parte de aquella escenografía que rodeaba la mejor de sus obras: su propia vida. Así nacieron angelitos, querubines, flores, vírgenes, niños, ancianas, estrellas, soles, lunas, gitanas, plañideras… Prototipos con los que el artista afloraba todo aquello cuanto se cocía en su interior.


Solía realizarlas en la soledad de las noches y, según sus propias palabras, se sentía plenamente “identificado con los muñecos de alambre revestidos de papel de periódico”; por ello, defendía sus esculturas como “humanas” y aunque eran muy “humildes”, estaban “llenas de arte”. El hecho de calificar sus figuras como “humanas” nos remite a una de los distintivos de la obra de Ocaña: la vida, su vida. Recordemos que siempre tuvo una motivación: insuflar la vida en sus obras; en su faceta pictórica fue presentado en alguna ocasión como “el pintor de las escenas vivas”.


Lejos de adquirir un carácter meramente expositivo, tenían otra función. Ocaña las creaba para montar sus teatros. Él interactuaba con estas figuras, maquillándose y vistiéndose de forma similar, de tal forma que se convertía en una de ellas. Rodeado de estas impasibles e hieráticas estatuas, interpretaba con absoluto y único desgarro guiones populares improvisados y obras de los maestros Lorca o los hermanos Alvárez Quintero.


Ocaña lograba así insuflar vida propia a sus figuras, que no nacían para exhibirse, sino para adquirir una dimensión dramática más allá de sus características materiales. En este sentido cabe hacer la siguiente reflexión, estos “teatrillos” de Ocaña reúnen todas las características para ser consideradas auténticas performances, que en torno a los años 1977 y 1978, cuando comienza a hacerlas en Barcelona, suponían una gran novedad para la época. En estos años la perfomance nacía y se desarrollaba a nivel europeo y americano sin llegar a nuestro país, de ahí que nadie nunca definiese como tales estas manifestaciones, que reunían al mismo tiempo pintura, escultura, teatro, música, vestuario…


La transgresión que convirtió en mito a Ocaña se multiplica en esta faceta artística. Dramas familiares, homenajes a artistas, cuadros flamencos, muertes, velatorios y entierros, paseos de señoras, procesiones de vírgenes… eran las temáticas más habituales. Con estos “teatros” Ocaña se adelantaba a la llegada de las influencias europeas sin ser consciente de ello, introducía la performance en España. Sin embargo, éstas adquieren una dimensión especial al constituirse como una manifestación y ostentación llena de reivindicación, provocación, reconocimiento y ruptura con las normas establecidas. No debemos olvidar la existencia de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que desde 1970 convertía la homosexualidad y su exhibición pública en delito y motivo de persecución y castigo policial.


Hay que aclarar que existe en este caso un componente tradicional muy presente y acusado; en Ocaña esa interacción con su imaginería es una herencia centenaria de Andalucía, donde las procesiones y ceremoniales religiosos, como la Semana Santa o la “Subida” de la Virgen de la Asunción en su pueblo natal, lleva intrínseca esa simbiosis y ese dialogo entre el público y artista con la obra de arte.


Las esculturas se alzan, por tanto, como una de las expresiones artísticas más completas de Ocaña, fundamentales para captar la verdadera esencia y la gran dimensión que alcanzaba todo el universo que rodeaba a este artista. Las esculturas son sus pinturas en tres dimensiones, su vida, sus sueños, sus recuerdos… en definitiva, el teatro de su vida hecho papel maché. Hasta tal punto adquiere importancia que su propia muerte fue resultado del último de sus “teatrillos”, la procesión triunfal del Rey Sol en el homenaje a la vieja más vieja de Cantillana, aquel fatídico verano de 1983.


Hoy sus esculturas, la huella del Ocaña más íntimo, se presentan ante nuestros ojos como imagen de una Andalucía real en su contenido y de una Barcelona efímera, de papel y alambre, en su materia, que él mismo creó con su presencia y destruyó con su ausencia. Recuerdo de una época que ansiaba libertad con desesperación, que creaba a partir de sus raíces y costumbres, un mundo vivo, optimista, cruel, reflexivo y libre. Testimonio de uno de los paseos más famosos a nivel mundial, de la barcelonesa Rambla de las Flores, que tuvo durante años el título popular de quien le dio vida, imagen y personalidad… “las Ramblas de Ocaña”. Humanista, filósofo, antropólogo, pintor, escultor, tradicional, moderno, transgresor, luchador, adelantado… teatrero, en definitiva. Todo ello y mucho más fue Ocaña y para recordarlo, su imaginería.


Tras toda esta reflexión en torno a la escultura de Ocaña y a todo el universo creativo y transgresor que las rodeaba, se evidencia la necesidad de un artículo, de un estudio que indague en sus características, historia y valores artísticos. En definitiva, el análisis de esta faceta de Ocaña nos abre el telón para contemplar una nueva y rica cara del artista, que desgraciadamente ha sido olvidada durante mucho tiempo.



"Recuerdo en una revista llamada "Reporter" que hicieron fotos a mis cuadros y a la hora de la verdad no ha salido ninguno. Yo muy cabreado…"

José Pérez Ocaña.


[[Este artículo lo escribí en el verano de 2008 para la exposición "Beata Ocaña", celebrada en la Galería "La Rosa del Vietnam" (Barcelona) con motivo del 25 aniversario del fallecimiento de José Pérez Ocaña"]].


** La temática aquí tratada resultará muy significativa a lo largo de lo que resta de 2009 y 2010.

sábado, junio 20, 2009

Bye. bye fotolog


Hace unos tres años, en 2006 atravesaba uno de los veranos más aburridos de mi vida, unas vacaciones en las que la frase "cualquier tiempo pasado fue mejor" se cumplía en todo y cada uno de los aspectos. Una de estas tades cayó en mis manos una revista y en ella un artículo, la cultura blog, fotolog....


Por la noche, frente al ordenador, me propuse ver qué era todo aquello que leí y decidí crear un fotolog, a ver qué pasa.... La peor duda el título, nunca fui bueno en eso de los bautizos. En ese momento el destino o el modo aletorio hizo saltar la canción "Falsas Costumbres" de Alaska y Dinarama. Lo pensé, me agradó y se quedó.


La primera época fue maravillosa. Hablar de Costus a diario era un placer enorme. Poner una obra de ellos y ver la reacción de la gente, como a pesar de cierto olvido que cayó sobre ellos siempre hubo quien no dejó de recordar la pintura de Juan y Enrique. Fueron muchas y muy duras las críticas que recibí por hablar de ellos, pero ganaba más cuando alguien me decía que había descubierto a Costus por el fotolog, que el contenido les había sido útil en un trabajo o el visto bueno de su entorno. Todo ello comenzó en el verano de 2006, un año después comenzaron las exposiciones, los catálogos, los documentales, artículos.... hasta un libro interesantísimo el pasado 2008, que ya hacía falta.


Fotolog me ha dado mucha satisfacciones, muchas alegrías. Me ha hecho estar en sitios increibles y conocer a gente estupenda. Si bien es cierto ya hacía tiempo que me planteaba cerrarlo, pero decidí dejarlo, actualizarlo de vez en cuando y mantenerlo porque permaneciesen vivos todos esos grandes momentos y amigos que fotolog me ha dado.


No sé bien si ha sido casualidad, si por la denuncia de alguien, no lo sé ni me interesa. Lo cierto es que esta semana me dispuse a subir una fotografía y falsascostumbres ya era historia. De finalizar el fotolog me hubiese gustado haberlo hecho de otra manera, una despedida. Por ello, aprovecho esto para despedir el fotolog y a todos aquellos que siguieron mis actualizaciones, que dejaron comentarios o me escribieron e-mails. También a quienes me criticaron, algunos por e-mail otros por comentarios en determinados círculos, que siempre me llegaron y que causaron en mí una enorme sonrisa.


falsascostumbres sigue en flickr, myspace, blogspot y facebook.

martes, abril 28, 2009

DESDE EL ALMA HASTA LA BOCA: El verso vivo de Rafael de León.

A principios de los ochenta a casi nadie resultaba extraño que los partidos políticos, que constituían el pleno del Ayuntamiento de Sevilla, rechazasen la propuesta del alcalde Luis Uruñela de nombrar a D. Rafael de León hijo predilecto y rotular una vía con su nombre. La iniciativa finalmente quedó con una glorieta en el Parque de María Luisa.

Se forjaba por esta época una nueva era social y cultural con un claro ánimo de ruptura con todo lo anterior en la mayoría de los sectores. La Copla ya estaba “superada”, era así vista como el reflejo de una España retrasada y llena de tópicos, en la que se exaltaban los sentimientos más elementales y primarios de una forma vulgar. No se daban cuenta que esta etiqueta era la mejor crítica y definición de la Copla que, como género popular por excelencia, ahondaba sus raíces en el sentir del pueblo… amor, lamento, pasión, desengaño, entrega, celos, venganza, sumisión que se vivían en las plazas, zaguanes, colmaos, tabernas, cafés, puertos y mancebías de cualquier rincón del país…

Hoy la realidad es bien distinta. La Copla está reconocida como un género grande, como parte de la memoria colectiva popular y se valora su riqueza musical y lírica. En los últimos años se han reeditado muchos discos, versionado numerosas coplas, se han celebrado homenajes a los creadores del género y varios libros se han editado investigando y profundizando en sus matices, características e historia. La Copla hoy suena en cualquier emisora de radio, como B.S.O de esperados estrenos cinematográficos, como concurso televisivo o como exposiciones y artículos cada vez más presentes en la prensa. A pesar de ello, causa cierta rareza que apenas se den datos sobre el que fue el verdadero creador literario de la Copla.

En 1980 TVE invitaba en uno de sus programas al Maestro Juan Solano y a Rafael de León; durante toda la entrevista el poeta intenta mantenerse en un segundo plano, dejando todo el peso de la conversación a Solano. Y es que Rafael de León fue siempre así, tímido y reservado, poco amigo de los homenajes, reconocimientos y entrevistas. A Rafael de León le gustaba estar, pero estar siempre detrás, observando y supervisando todo, pero sin ser nunca protagonista de nada, de ahí que se cuenten con pocos detalles que permitan trazar su perfil humano.

En 1907 se unieron en matrimonio Don José de León y Manjón y Doña María Justa Arias de Saavedra y Pérez de Vargas, Condes de Gomara. Tan sólo un año después, el seis de febrero de 1908 nacería en Sevilla el primero de los diez descendientes que tuvo la pareja, seis varones y cuatro mujeres.

En la iglesia de la Magdalena el cura, José González Álvarez, bautizó al primogénito con una lista de diecisiete nombres encabezada por Rafael María, José… y rematada por las advocaciones de la Santísima Trinidad, la Inmaculada Concepción y los Sagrados Corazones de Jesús y María, respetando así una costumbre de las familias nobiliarias.

Rafael de León y Arias de Saavedra vino al mundo en la residencia familiar situada en la calle San Pedro Mártir, 14; desde instante estuvo marcado por el aire del verso, puesto que curiosamente en esta calle nació treintaicuatro años antes el poeta Manuel Machado, cuya influencia también estará presente en su obra.

Su inclinación hacia la poesía debió llegarle muy temprano. Algunas personas que le trataron en vida aseguran que con tan sólo dieciocho años conoció a Federico García Lorca. Lo cierto es que en 1926 se traslada a Granada para estudiar en el colegio de Sacromonte, una circunstancia que quizás favoreciese este vínculo. Sobre esto se tienen pocos datos claros a pesar de las diversas anécdotas que contaba Miguel de Molina. A este respecto escribía Sebastián Gasch en su libro “Federico García Lorca: Carta a sus amigos”: “Entre dos actos fui a saludarle [a Federico García Lorca] en el camerino de Margarita Xirgu, Federico daba nerviosas y precipitadas instrucciones a su íntimo amigo Rafael de León, quien al día siguiente debía ponerse en camino para ir a Granada. Volví a cruzar con Lorca cuatro palabras triviales. Aquella tarde no podía suponer que nunca más volvería a verle…”.

La unión de Rafael y Lorca fue amistosa y literaria, la obra del granadino siempre marcó en buena medida las creaciones de Rafael de León. Esta relación fue definida como influencias para unos y como plagio para los detractores de las letras de la Copla. Muchos acusaban a Rafael de León de imitar a Lorca, apodándole “Lorca con sifón”, a lo que el sevillano respondía irónicamente: “Yo es que no hago verso, sino berza”.

Aunque parecía que lo tenía todo, los inicios de Rafael de León no fueron fáciles. El ambiente familiar y su entorno tan estricto fue un obstáculo desde sus inicios, a nivel personal y profesional. A pesar de su amor por la literatura y la poesía, León estudio Derecho siguiendo los deseos familiares. Su personalidad sin límites no fue bien entendida por su entorno sevillano, por ejemplo, mientras que sus hermanos si poseyeron el título de maestrantes, a Rafael de León nunca le concedieron tal honor.

Su declarada homosexualidad fue entonces un motivo de mofas y el dedo que siempre lo señaló, la comidilla de la Sevilla del momento, “el marquesito homosexual” era el título que borraba su nombre entonces. Pero la personalidad de Rafael de León siempre estuvo por encima de todo esto, tal y como lo demuestra el divertido encuentro con la que sería su musa, Doña Concha Piquer.

El 29 de enero de 1931 el hoy Teatro Lope de Vega de Sevilla, antes Teatro de la Exposición, anunciaba el espectáculo de la compañía de Mariano Ozores y Pilar Puchol, en el cartel se avisaba la actuación musical de la denominada “reina de la canción”, Concha Piquer. Rafael de León presenció la actuación y tras ella se acercó al camerino para saludar a la cantante:

- ¿Es usted Conchita Piquer?
- ¿Y usted es maricón?
- ¿En que lo ha notado?
- En la gorra.

La homosexualidad y su amor hacia la poesía y los ambientes artísticos de los Cafés-Cantantes eran conductas poco habituales y no muy bien consideradas en su entorno. Tampoco su forma de hacer poesía estaba muy en la línea de los poetas sevillanos del momento, quizás este factor fuese decisivo en la inclinación de Rafael de León hacia el mundo del espectáculo.

Todo ello, el ambiente familiar y sevillano en contra y su interés por el mundo de la canción, motiva su viaje a Madrid en 1932 para trabajar en la Academia de Arte que Manuel López-Quiroga Miquel, el Maestro Quiroga, tenía en la calle Concepción Jerónima número 10. Sería este el punto de arranque de un nuevo estilo musical, de un nuevo género, la unión de dos genios que marcarían la cultura de España hasta bien entrado los años 60.

Contaba el propio Rafael de León que durante los primeros tiempos vivía gracias al amparo del Maestro y del dinero que su padre le enviaba mensualmente. La primera canción que escribió fue “Rocío”, a Quiroga le gustó mucho la letra y no dudó en ponerle la música, convirtiéndose en el éxito del año. A ella le siguieron “María de la O”, “Maria Magdalena” y “¡Ay!, Maricruz”, cuyas letras aún están presentes en la memoria de todos. Este éxito motivó el recordado telegrama que el Maestro envió a D. José de León, donde le decía “Señor Conde, ya puede usted dejar de enviarle dinero a su hijo. Con esto ya se puede ganar la vida”. Con Quiroga estableció una importante unión, una relación familiar, hasta el punto que el primogénito del compositor es ahijado de Rafael de León.

Estos primeros títulos fueron claves para la consolidación de la fama de Rafael de León, “Rocío” fue la canción más sonada el año de su grabación, “María de la O” fue la auténtica banda sonora de la España de la Guerra y postguerra, siendo hoy una de las canciones más difundidas en la memoria colectiva del país.

Junto a “María de la O, “María Magdalena” fue estrenada en versión teatral pocos años después con un reparto constituido por grandes nombres de la escena española.

Al mismo tiempo que se producen estos éxitos, tienen lugar dos circunstancias muy importantes en su trayectoria. La primera de ellas, la apertura de una nueva academia de arte en Barcelona que motivaría sus continuos viajes a la ciudad condal y la segunda, su colaboración con el poeta Salvador Valverde.

En Barcelona, Rafael de León vive la Guerra Civil. Dicen quienes le conocieron que la contienda y sus consecuencias lo sumieron en una profunda tristeza. El asesinato de Federico García Lorca le causó un enorme impacto, del que tardó en recuperarse. Por otro lado, estaba el exilio de su colaborador Salvador Valverde. El poeta establecido en Sevilla se vio obligado a regresar a su ciudad natal, Buenos Aires. Durante la dictadura fue prohibida su obra y la pronunciación de su nombre como autor de las canciones que había creado con Rafael de León y el Maestro Quiroga. Por suerte, antes de todo esto los tres artistas ya habían compuesto su creación más aplaudida: “Ojos Verdes”.


Rafael de León con Salvador Valverde y el Maestro Quirga al piano.

Volviendo años atrás, tampoco le fue fácil la II República. La instauración del nuevo régimen político le supuso un cambio en el modo de vida de su familia, cuya posición política siempre estuvo en la línea de Primo de Rivera. Sin embargo, la vida de Rafael estuvo rodeada del ambiente liberal de la época. Por ejemplo, sabemos que estuvo afiliado junto a Valverde a la CNT.

Las posturas extremistas de los tiempos de guerra lo llevaron a la cárcel relacionado con unas detenciones de personalidades del mundo del espectáculo acusados de derechistas. Pasó una larga temporada en prisión, incluso algún testimonio indica que cayeron sobre él hasta dos penas de muerte. Su libertad llegó en 1939, cuando el bando nacional toma la ciudad. A pesar de ello, una de sus obras “María Magdalena” fue estrenada en el frente republicano.


Artículo publicado en 1933, donde el propio Rafael de León denuncia el plagio de su éxito "Manolo Reyes".

La posterior dictadura tampoco le resultó fácil a Rafael de León. La Copla fue vista como un género que exaltaba las costumbres españolas, por lo que era del agrado del régimen. A Franco y a su esposa les gustaba mucho la Copla, Juanita Reina siempre fue la favorita en El Pardo. Aún así, la censura fue implacable con las letras de las coplas, cambiando en varios títulos algunas partes; León se autodefinía como un feminista declarado y confesaba tener problemas con la censura en este sentido. “Callejuela sin salida”, “Tatuaje”, “Yo soy esa” fueron algunos de estos casos, pero sin duda el más famoso fue el de “Ojos Verdes”, cuyo primer verso, “apoyá en el quicio de la mancebía”, debía ser sustituido por “apoyá en el quicio de la puerta mía”; cosa a la que se negaba rotundamente su intérprete más famosa Doña Concha Piquer.

Los años cuarenta trajeron un éxito clamoroso para Rafael de León. En esta década la consagrada Concha Piquer estrenaba “Tatuaje”, “Doña Sol”, “Romance de la Otra” o “La Parrala”, que en un principio no era del agrado de la valenciana, hasta el punto que la llegó a quitar del repertorio, incluyéndola ante la insistencia popular. Muy ilustrativas fueron las palabras de una periodista que relataba una actuación de Concha Piquer en el Teatro Calderón de Madrid en 1940: “El Teatro Calderón se viene abajo… Al salir del teatro todos tararean dos de los estrenos de la noche, que se harían rápidamente populares, “La Parrala” y “La Petenera”.

También estrenaba en esta ocasión “Ojos Verdes”, el título más aplaudido. La copla había sido estrenada por Estrellita Castro en Sevilla, después la cantaron Miguel de Molina y Consuelo Heredia, pero no lograba despertar los aplausos del público. El Maestro Quiroga no dudó al final de su vida en decir que era su mejor canción y por ello insistió en ella, dándosela a Concha Piquer, quien no la tomó con demasiado entusiasmo. La letra en un principio no le gustó y menos el estribillo. “Maestro, ¿no le parece a usted mucho verde, mucho verde?”… el resto de la historia ya es conocida…

Un año después publicaba su primer libro “Penas y alegrías del amor”, una recopilación de grandes poemas. Sería su último recopilatorio de poemas puesto que a partir de entonces se dedicó de lleno a la producción de letras de coplas.

Otra gran novedad que ya marcaría su vida profesional fue la colaboración con Antonio Quintero como letrista. La unión se produjo en 1942 por mediación de Antonio Márquez, que ya retirado del toreo se convirtió en el representante de su compañera sentimental, Concha Piquer. El torero estaba convencido de que la forma de hacer teatro de Quintero conjugaría a la perfección con la obra de León y Quiroga y así luchó porque el trío firmasen un espectáculo para la Piquer. El éxito de este trío fue tan inmediato que ya en 1949 no aceptaban más encargos y hasta 1959 el triunvirato Quintero, León y Quiroga se encargó de escribir y componer todos los éxitos y todas las canciones que cantaron generaciones de españoles. Quiroga se encargaría de la música, León de las letras de las canciones y Quintero de la conformación general y del argumento de todo el espectáculo.

A lo largo de estos años y con sus dos compañeros firmaría grandes espectáculos para los mejores artistas del momento, algunos de ellos fueron: “Solera de España” para Juanita Reina, “Retablo español” para Conchita Piquer, “Zambra” para Manolo Caracol y Lola Flores o “La Copla Nueva” para Luisa Ortega.


En el centro de la imagen Rafael de León cede su brazo a Doña Concha Piquer, ambos flanqueados por el Maestro Quiroga y Antonio Quintero.

Llegados a este punto sería justo hacer una mención a Juanita Reina, la intérprete sevillana fue la voz que llevó al pueblo la mayoría de las creaciones de León, al que siempre veneró. El nombre de Rafael de León aparece como autor de las letras en casi una veintena de todos sus espectáculos, Juanita hizo famosas coplas como “Y si embargo te quiero”, “Francisco Alegre” o “Capote de grana y oro” por citar algunas… Ella, mejor que nadie, consolidó un nuevo medio para difundir la obra de León… el cine.

1952 fue un año complicado para Rafael de León por el fallecimiento de su madre, la pérdida le causó una gran tristeza por la unión que tenía con ella. Quizás para evitar la melancolía y nostalgia el poeta quiso distanciarse físicamente más de Sevilla, regresando en contadísimas ocasiones.

En 1958 Concha Piquer llega a Isla Cristina con su espectáculo “Puente de Coplas”, tras su actuación decide retirarse por su descontento con la interpretación aquella noche de “Mañana sale”. Este hecho marcó un antes y un después en el trío, cuyos integrantes comenzarán a trabajar con otros colaboradores paralelamente. Aún así la unión con Quiroga y Quintero seguiría vigente durante muchos años más.

En este momento aparece en su vida la figura del Maestro Juan Solano. La retirada y muerte de los colaboradores del músico, Ochaita y Valerio, motivaron la unión a León. Juan Solano comenzó musicando algunos poemas y sonetos contenidos en el libro “Penas y alegría del amor”. Los resultados fueron distintos a la copla anterior, atrás quedaban esas historias con principio y fin para dejar paso a las directas declaraciones de sentimientos. Se inauguraba entonces una nueva época creativa con nuevas voces femeninas, entre ellas Gracia Montes o Rocío Jurado.

El propio Rafael de León reconoció que “Un clavel” en la voz de Rocío Jurado cerraba un ciclo, culminaba la Copla. Junto a Solano compuso otros grandes éxitos como “Tengo Miedo” o “A tu vera”. A estas alturas las composiciones de León ya eran vistas con cierta reserva por parte de determinados sectores, por ejemplo, sobre “A tu vera” se dijo cuando se estrenó que solamente “sería cantada durante 48 horas”.

Gran celebridad también tuvieron los poemas de Rafael de León que fueron musicados por Solano: "Trece de Mayo" (poema "Así te quiero") para Concha Piquer, “Compañero” cantada por Marifé de Triana, “Con ruedas de Molino” por Rocío Jurado o el poema “Duda”, que bajo el título “Mi amigo” fue grabado por Rocío Dúrcal y Rocío Jurado.

La adaptación de las letras de Rafael de León a nuevas tendencias musicales fue toda una realidad con la canción “Te quiero, te quiero”, cuya música corrió a cargo de Augusto Algueró. La canción fue compuesta pensando en que sería interpretada por Lola Flores, pero finalmente fue cantada y popularizada por Nino Bravo, convirtiéndose en uno de sus éxitos y en la canción más sonada de 1971.

Es en esta época cuando de nuevo sus letras vuelven a convertirse en una especie de himno anclado en la memoria popular con la composición de sevillanas a las que puso musica el maestro Pareja Obregón, éstas fueron "Sevillanas de Triana", "¡Qué guapa está Sevilla!", "Que también es de Sevilla" y "La historia de una amapola"

A estas alturas la vida de Rafael de León había cambiado mucho, era más sencilla. El poeta cambió de domicilio, hospedándose en un pequeño hotel de la calle Sainz de Baranda de Madrid, donde seguía escribiendo letras.

Finalmente, un jueves 9 de diciembre de 1982 fallece Rafael de León por un ataque al corazón. Fue el final de una carrera que culminaba con unos ocho mil títulos, con la obra más difundida de un poeta en España. La obra de Rafael de León fue una banda sonora, la expresión sentimental del pueblo cantada por las mejores voces de su época, una obra que nacía desde el alma para tomar forma en las gargantas de grandes intérpretes, que llevaron al pueblo unas letras llenas de saber popular, sentimientos y valentía. El legado de León nació en el alma y terminó heredándose boca a boca durante generaciones.

En 1988 Juan Solano recopiló una serie de letras escritas antes de su muerte y les puso música, estas canciones fueron presentadas en un sentido homenaje que se celebró en los jardines del Real Alcázar de Sevilla, la intérprete no pudo ser otra que su adorada Rocío Jurado, aquí se presentaron títulos tan conocidos como “Pastora Imperio”.

Sevilla, su ciudad natal, fue decisiva en la conformación de su producción. Numerosas coplas y personajes están tomadas de la realidad cotidiana de la ciudad, de sus plazas, barrios, cafés cantantes y patios floreados. Durante su estancia en Madrid, Rafael solía bajar cuantas veces le eran posibles hasta el fallecimiento de su madre, que redujo sus visitas a la Semana Santa, cuando se escondía en Sierpes para ver el discurrir de las cofradías.

Sevilla, Plaza del Museo. En este enclave enmarcó Rafael de León (1933) el pasional amor que el pintor Juan Miguel sintió por la jovencita Triniá, que "por las tardes como una rosa de los jardines que hay a la entrá" posaba para el artista "como si fuera la Inmaculá".

Esconderse es una palabra clave para comprender la forma de ser de Rafael de León. Nunca escondió su personalidad, vivió como sintió y como verdaderamente fue y así lo expresó en muchos poemas. Sin embargo, fue tímido a la hora de aparecer públicamente. No fue nunca partidario de los grandes reconocimientos y homenajes hacia su persona, por ello jamás aparecía para recibir los aplausos al final de los espectáculos; a él le gustaba más estar encerrado en los teatros durante las largas jornadas de ensayos, supervisándolo todo, hasta el vestuario. La entrega con su obra y sus musas fue tal que siempre estuvo pendiente de ellas, indicándoles cuando tenían que suspirar, las candencias, en definitiva, dirigía la interpretación de éstas hasta el último detalle.

En el trato con los demás destacó su carácter afable, sencillo y amable, también generoso. Rafael de León quiso mucho a su entorno más inmediato y éste a él. Doña Concha Piquer le llamaba “hermano” cada vez que hablaba de él. Juanita Reina y Rocío Jurado expresaron siempre que pudieron su amor hacia el poeta, estando con él hasta el final de sus días.

Ejemplo de su timidez y generosidad fue la donación a sus hermanos de sus títulos nobiliarios. En su condición de primogénito heredó tres títulos: Marqués del Valle de la Reina, Marqués de Moscoso y Conde de Gomara. Tan sólo se quedó con el primero, el segundo se lo cedió a su hermano Federico y el tercero a su hermano Antonio.

Rafael de León fue además un hombre valiente, con gran sentido del humor e ironía, también fue enormemente supersticioso y maniático. La vida de Rafael de León huía de todo tipo de responsabilidades, incluidas las impuestas por las manecillas del reloj, objeto que odiaba, ya que nunca tuvo horarios. Otra de sus manías era la de no conducir, algo a lo que se negó terminantemente, siempre iba en taxi hasta el final, que contrató a un chófer. Como la mayoría de los artistas era un hombre tremendamente supersticioso, nunca permitía que nadie hiciese punto sobre el escenario, llevaba muy mal que se oyesen campanas en la escena o que algún artista se sentase sobre la concha del apuntador.


Placa de azulejos que conmemora el nacimiento de Rafael de León en su casa natal, situada en la calle San Pedro Mártir de Sevilla; junto al Museo de Bellas Artes.







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martes, marzo 31, 2009

Reflexiones....



En octubre de 1946 la terminante prohibición de entrar a México sorprende enormemente a Doña Concha Piquer, que había sido contratada junto a su compañía para varias actuaciones. El motivo aparente es que un grupo de exiliados la tildaron de “artista del régimen” y la culparon de ser la responsable del exilio de Miguel de Molina. Por mediación del actor Cantinflas, Doña Concha logró actuar, siendo muy aplaudida por los españoles que allí se encontraban, entre ellos Juan Negrín. Fue tan sonora esa negativa a pisar México que el rumor que la señalaba como responsable del exilio de Miguel de Molina tuvo mucha repercusión…


Actualmente, se está celebrando una exposición sobre Miguel de Molina, “Miguel de Molina, arte y provocación”, que analiza su faceta artística y los castigos que recibió por su carácter moderno, por su atuendo andrógino y por su declarada homosexualidad durante el Franquismo, hasta el punto de ser expulsado del país. Parece ser que este argumento no ha gustado mucho a las carcas que escriben en la edición sevillana de ABC unos artículos, cuyo interés y calidad literaria se ve superada por cualquier papel de calentitos.

Como este periodista no tiene argumentos para desmontar la exposición recurre a los ataques directos hacia la persona y el arte de Miguel de Molina, en un claro ataque de soberbia y resentimiento, que es lo que rebosan cada una de las palabras que salen de su pluma. En primer lugar, sentencia con un carácter completamente estricto el escaso talento de Miguel de Molina para el baile, para el cante, para sus películas, en sus galas, su vestuario….


Cierto es que para gustos los colores, pero cabría esperar que un hombre, tan estricto en sus juicios, comprenda que haya gente que no veamos arte en su amigo el torero , que con una edad avanzada más que torear parecía que estaba en un encierro, de lo que corría el hombre delante del toro… hay que ser comprensivo. Lo único cierto es que desde la primera aparición del malagueño hasta hoy han llovido muchas modas, muchas tendencias, muchos estilos musicales y ahí sigue el arte, la personalidad y la estética de Miguel de Molina como referente, icono y objeto de exposiciones, documentales y artículos que analizan su biografía con absoluto rigor histórico… Todavía está por ver como se hablará en un futuro de la labor de este escritor…


Por otro lado, sigue acusando a Miguel como propagador de infamias contra Doña Concha Piquer. Cuando uno escribe en un periódico o en un libro sobre historia hay que documentarse y los rumores no son documentos, que sí son las publicaciones, las entrevistas, las grabaciones, etc. Si acudimos a esta documentación la realidad es más bien otra… El rumor como dije al principio se originó en esa ocasión por una minoría que dio mucho que hablar, pero que fue negado por Miguel de Molina en cuanto pudo, en cuanto se le puso el primer micrófono para la que sería su última entrevista en 1990, donde aclaraba que Concha Piquer no tenía nada que ver con eso. ¡A buenas horas mangas verdes! fue lo único que expresó la valenciana.


Las opiniones de Miguel de Molina sobre Doña Concha fueron siempre buenas. Dijo en una ocasión: “Concha era indudablemente la más guapa, también en el sentido de alegre y valiente. Era una muchacha maravillosa, la mujer más alegre que he encontrado. Aunque tenía su carácter. Había en ella algo extraordinario. Y fue siempre, en sus actuaciones, profesional y magnífica”… Si esto es difamar a alguien…


Pero es que esta admiración fue mutua. Doña Concha siempre recordó con cariño a Miguel de Molina. Ella misma contó cuando aterrada por su reaparición en Madrid las palabras de apoyo y ánimo que recibió del artista fueron muy importantes. Contaba que se acercó al camerino del malagueño para felicitarlo por su actuación y le confeso el miedo que tenía… “¿Pero qué miedo estás diciendo?. Tú tranquila. Antes de salir te miras al espejo y piensa que eres la mejor” le dijo Miguel de Molina. Doña Concha terminaba relatando este hecho aclarando que hizo caso a sus palabras y volvió a triunfar en Madrid.


Pero claro, ésta es la historia escrita en libros, en entrevistas de la época y comentada por la voz propia de sus protagonistas. Los rumores son rumores, muy útiles si sólo queremos destruir, pero claro la base será siempre esa, un rumor, unas habladurías que ocultan una realidad bien distinta contada por sus protagonistas. Siendo claro, aquí sucede otra cosa… hablar de franquismo y homosexualidad aún molesta la pluma de muchos, que se ponen nerviosos nada más tocar el tema y que no tienen otra salida que el ataque hacia las personas, las mentiras y rumores. Le faltó tiempo de entrar al trapo o al pañuelo rojo de lunares en este caso. “Periodista” escribiendo sobre rumores y obviando los verdaderos documentos que dejaron los protagonistas… no hace falta que diga nada más.


Y es que Miguel de Molina sigue siendo eso hoy… arte y provocación…