martes, abril 28, 2009

DESDE EL ALMA HASTA LA BOCA: El verso vivo de Rafael de León.

A principios de los ochenta a casi nadie resultaba extraño que los partidos políticos, que constituían el pleno del Ayuntamiento de Sevilla, rechazasen la propuesta del alcalde Luis Uruñela de nombrar a D. Rafael de León hijo predilecto y rotular una vía con su nombre. La iniciativa finalmente quedó con una glorieta en el Parque de María Luisa.

Se forjaba por esta época una nueva era social y cultural con un claro ánimo de ruptura con todo lo anterior en la mayoría de los sectores. La Copla ya estaba “superada”, era así vista como el reflejo de una España retrasada y llena de tópicos, en la que se exaltaban los sentimientos más elementales y primarios de una forma vulgar. No se daban cuenta que esta etiqueta era la mejor crítica y definición de la Copla que, como género popular por excelencia, ahondaba sus raíces en el sentir del pueblo… amor, lamento, pasión, desengaño, entrega, celos, venganza, sumisión que se vivían en las plazas, zaguanes, colmaos, tabernas, cafés, puertos y mancebías de cualquier rincón del país…

Hoy la realidad es bien distinta. La Copla está reconocida como un género grande, como parte de la memoria colectiva popular y se valora su riqueza musical y lírica. En los últimos años se han reeditado muchos discos, versionado numerosas coplas, se han celebrado homenajes a los creadores del género y varios libros se han editado investigando y profundizando en sus matices, características e historia. La Copla hoy suena en cualquier emisora de radio, como B.S.O de esperados estrenos cinematográficos, como concurso televisivo o como exposiciones y artículos cada vez más presentes en la prensa. A pesar de ello, causa cierta rareza que apenas se den datos sobre el que fue el verdadero creador literario de la Copla.

En 1980 TVE invitaba en uno de sus programas al Maestro Juan Solano y a Rafael de León; durante toda la entrevista el poeta intenta mantenerse en un segundo plano, dejando todo el peso de la conversación a Solano. Y es que Rafael de León fue siempre así, tímido y reservado, poco amigo de los homenajes, reconocimientos y entrevistas. A Rafael de León le gustaba estar, pero estar siempre detrás, observando y supervisando todo, pero sin ser nunca protagonista de nada, de ahí que se cuenten con pocos detalles que permitan trazar su perfil humano.

En 1907 se unieron en matrimonio Don José de León y Manjón y Doña María Justa Arias de Saavedra y Pérez de Vargas, Condes de Gomara. Tan sólo un año después, el seis de febrero de 1908 nacería en Sevilla el primero de los diez descendientes que tuvo la pareja, seis varones y cuatro mujeres.

En la iglesia de la Magdalena el cura, José González Álvarez, bautizó al primogénito con una lista de diecisiete nombres encabezada por Rafael María, José… y rematada por las advocaciones de la Santísima Trinidad, la Inmaculada Concepción y los Sagrados Corazones de Jesús y María, respetando así una costumbre de las familias nobiliarias.

Rafael de León y Arias de Saavedra vino al mundo en la residencia familiar situada en la calle San Pedro Mártir, 14; desde instante estuvo marcado por el aire del verso, puesto que curiosamente en esta calle nació treintaicuatro años antes el poeta Manuel Machado, cuya influencia también estará presente en su obra.

Su inclinación hacia la poesía debió llegarle muy temprano. Algunas personas que le trataron en vida aseguran que con tan sólo dieciocho años conoció a Federico García Lorca. Lo cierto es que en 1926 se traslada a Granada para estudiar en el colegio de Sacromonte, una circunstancia que quizás favoreciese este vínculo. Sobre esto se tienen pocos datos claros a pesar de las diversas anécdotas que contaba Miguel de Molina. A este respecto escribía Sebastián Gasch en su libro “Federico García Lorca: Carta a sus amigos”: “Entre dos actos fui a saludarle [a Federico García Lorca] en el camerino de Margarita Xirgu, Federico daba nerviosas y precipitadas instrucciones a su íntimo amigo Rafael de León, quien al día siguiente debía ponerse en camino para ir a Granada. Volví a cruzar con Lorca cuatro palabras triviales. Aquella tarde no podía suponer que nunca más volvería a verle…”.

La unión de Rafael y Lorca fue amistosa y literaria, la obra del granadino siempre marcó en buena medida las creaciones de Rafael de León. Esta relación fue definida como influencias para unos y como plagio para los detractores de las letras de la Copla. Muchos acusaban a Rafael de León de imitar a Lorca, apodándole “Lorca con sifón”, a lo que el sevillano respondía irónicamente: “Yo es que no hago verso, sino berza”.

Aunque parecía que lo tenía todo, los inicios de Rafael de León no fueron fáciles. El ambiente familiar y su entorno tan estricto fue un obstáculo desde sus inicios, a nivel personal y profesional. A pesar de su amor por la literatura y la poesía, León estudio Derecho siguiendo los deseos familiares. Su personalidad sin límites no fue bien entendida por su entorno sevillano, por ejemplo, mientras que sus hermanos si poseyeron el título de maestrantes, a Rafael de León nunca le concedieron tal honor.

Su declarada homosexualidad fue entonces un motivo de mofas y el dedo que siempre lo señaló, la comidilla de la Sevilla del momento, “el marquesito homosexual” era el título que borraba su nombre entonces. Pero la personalidad de Rafael de León siempre estuvo por encima de todo esto, tal y como lo demuestra el divertido encuentro con la que sería su musa, Doña Concha Piquer.

El 29 de enero de 1931 el hoy Teatro Lope de Vega de Sevilla, antes Teatro de la Exposición, anunciaba el espectáculo de la compañía de Mariano Ozores y Pilar Puchol, en el cartel se avisaba la actuación musical de la denominada “reina de la canción”, Concha Piquer. Rafael de León presenció la actuación y tras ella se acercó al camerino para saludar a la cantante:

- ¿Es usted Conchita Piquer?
- ¿Y usted es maricón?
- ¿En que lo ha notado?
- En la gorra.

La homosexualidad y su amor hacia la poesía y los ambientes artísticos de los Cafés-Cantantes eran conductas poco habituales y no muy bien consideradas en su entorno. Tampoco su forma de hacer poesía estaba muy en la línea de los poetas sevillanos del momento, quizás este factor fuese decisivo en la inclinación de Rafael de León hacia el mundo del espectáculo.

Todo ello, el ambiente familiar y sevillano en contra y su interés por el mundo de la canción, motiva su viaje a Madrid en 1932 para trabajar en la Academia de Arte que Manuel López-Quiroga Miquel, el Maestro Quiroga, tenía en la calle Concepción Jerónima número 10. Sería este el punto de arranque de un nuevo estilo musical, de un nuevo género, la unión de dos genios que marcarían la cultura de España hasta bien entrado los años 60.

Contaba el propio Rafael de León que durante los primeros tiempos vivía gracias al amparo del Maestro y del dinero que su padre le enviaba mensualmente. La primera canción que escribió fue “Rocío”, a Quiroga le gustó mucho la letra y no dudó en ponerle la música, convirtiéndose en el éxito del año. A ella le siguieron “María de la O”, “Maria Magdalena” y “¡Ay!, Maricruz”, cuyas letras aún están presentes en la memoria de todos. Este éxito motivó el recordado telegrama que el Maestro envió a D. José de León, donde le decía “Señor Conde, ya puede usted dejar de enviarle dinero a su hijo. Con esto ya se puede ganar la vida”. Con Quiroga estableció una importante unión, una relación familiar, hasta el punto que el primogénito del compositor es ahijado de Rafael de León.

Estos primeros títulos fueron claves para la consolidación de la fama de Rafael de León, “Rocío” fue la canción más sonada el año de su grabación, “María de la O” fue la auténtica banda sonora de la España de la Guerra y postguerra, siendo hoy una de las canciones más difundidas en la memoria colectiva del país.

Junto a “María de la O, “María Magdalena” fue estrenada en versión teatral pocos años después con un reparto constituido por grandes nombres de la escena española.

Al mismo tiempo que se producen estos éxitos, tienen lugar dos circunstancias muy importantes en su trayectoria. La primera de ellas, la apertura de una nueva academia de arte en Barcelona que motivaría sus continuos viajes a la ciudad condal y la segunda, su colaboración con el poeta Salvador Valverde.

En Barcelona, Rafael de León vive la Guerra Civil. Dicen quienes le conocieron que la contienda y sus consecuencias lo sumieron en una profunda tristeza. El asesinato de Federico García Lorca le causó un enorme impacto, del que tardó en recuperarse. Por otro lado, estaba el exilio de su colaborador Salvador Valverde. El poeta establecido en Sevilla se vio obligado a regresar a su ciudad natal, Buenos Aires. Durante la dictadura fue prohibida su obra y la pronunciación de su nombre como autor de las canciones que había creado con Rafael de León y el Maestro Quiroga. Por suerte, antes de todo esto los tres artistas ya habían compuesto su creación más aplaudida: “Ojos Verdes”.


Rafael de León con Salvador Valverde y el Maestro Quirga al piano.

Volviendo años atrás, tampoco le fue fácil la II República. La instauración del nuevo régimen político le supuso un cambio en el modo de vida de su familia, cuya posición política siempre estuvo en la línea de Primo de Rivera. Sin embargo, la vida de Rafael estuvo rodeada del ambiente liberal de la época. Por ejemplo, sabemos que estuvo afiliado junto a Valverde a la CNT.

Las posturas extremistas de los tiempos de guerra lo llevaron a la cárcel relacionado con unas detenciones de personalidades del mundo del espectáculo acusados de derechistas. Pasó una larga temporada en prisión, incluso algún testimonio indica que cayeron sobre él hasta dos penas de muerte. Su libertad llegó en 1939, cuando el bando nacional toma la ciudad. A pesar de ello, una de sus obras “María Magdalena” fue estrenada en el frente republicano.


Artículo publicado en 1933, donde el propio Rafael de León denuncia el plagio de su éxito "Manolo Reyes".

La posterior dictadura tampoco le resultó fácil a Rafael de León. La Copla fue vista como un género que exaltaba las costumbres españolas, por lo que era del agrado del régimen. A Franco y a su esposa les gustaba mucho la Copla, Juanita Reina siempre fue la favorita en El Pardo. Aún así, la censura fue implacable con las letras de las coplas, cambiando en varios títulos algunas partes; León se autodefinía como un feminista declarado y confesaba tener problemas con la censura en este sentido. “Callejuela sin salida”, “Tatuaje”, “Yo soy esa” fueron algunos de estos casos, pero sin duda el más famoso fue el de “Ojos Verdes”, cuyo primer verso, “apoyá en el quicio de la mancebía”, debía ser sustituido por “apoyá en el quicio de la puerta mía”; cosa a la que se negaba rotundamente su intérprete más famosa Doña Concha Piquer.

Los años cuarenta trajeron un éxito clamoroso para Rafael de León. En esta década la consagrada Concha Piquer estrenaba “Tatuaje”, “Doña Sol”, “Romance de la Otra” o “La Parrala”, que en un principio no era del agrado de la valenciana, hasta el punto que la llegó a quitar del repertorio, incluyéndola ante la insistencia popular. Muy ilustrativas fueron las palabras de una periodista que relataba una actuación de Concha Piquer en el Teatro Calderón de Madrid en 1940: “El Teatro Calderón se viene abajo… Al salir del teatro todos tararean dos de los estrenos de la noche, que se harían rápidamente populares, “La Parrala” y “La Petenera”.

También estrenaba en esta ocasión “Ojos Verdes”, el título más aplaudido. La copla había sido estrenada por Estrellita Castro en Sevilla, después la cantaron Miguel de Molina y Consuelo Heredia, pero no lograba despertar los aplausos del público. El Maestro Quiroga no dudó al final de su vida en decir que era su mejor canción y por ello insistió en ella, dándosela a Concha Piquer, quien no la tomó con demasiado entusiasmo. La letra en un principio no le gustó y menos el estribillo. “Maestro, ¿no le parece a usted mucho verde, mucho verde?”… el resto de la historia ya es conocida…

Un año después publicaba su primer libro “Penas y alegrías del amor”, una recopilación de grandes poemas. Sería su último recopilatorio de poemas puesto que a partir de entonces se dedicó de lleno a la producción de letras de coplas.

Otra gran novedad que ya marcaría su vida profesional fue la colaboración con Antonio Quintero como letrista. La unión se produjo en 1942 por mediación de Antonio Márquez, que ya retirado del toreo se convirtió en el representante de su compañera sentimental, Concha Piquer. El torero estaba convencido de que la forma de hacer teatro de Quintero conjugaría a la perfección con la obra de León y Quiroga y así luchó porque el trío firmasen un espectáculo para la Piquer. El éxito de este trío fue tan inmediato que ya en 1949 no aceptaban más encargos y hasta 1959 el triunvirato Quintero, León y Quiroga se encargó de escribir y componer todos los éxitos y todas las canciones que cantaron generaciones de españoles. Quiroga se encargaría de la música, León de las letras de las canciones y Quintero de la conformación general y del argumento de todo el espectáculo.

A lo largo de estos años y con sus dos compañeros firmaría grandes espectáculos para los mejores artistas del momento, algunos de ellos fueron: “Solera de España” para Juanita Reina, “Retablo español” para Conchita Piquer, “Zambra” para Manolo Caracol y Lola Flores o “La Copla Nueva” para Luisa Ortega.


En el centro de la imagen Rafael de León cede su brazo a Doña Concha Piquer, ambos flanqueados por el Maestro Quiroga y Antonio Quintero.

Llegados a este punto sería justo hacer una mención a Juanita Reina, la intérprete sevillana fue la voz que llevó al pueblo la mayoría de las creaciones de León, al que siempre veneró. El nombre de Rafael de León aparece como autor de las letras en casi una veintena de todos sus espectáculos, Juanita hizo famosas coplas como “Y si embargo te quiero”, “Francisco Alegre” o “Capote de grana y oro” por citar algunas… Ella, mejor que nadie, consolidó un nuevo medio para difundir la obra de León… el cine.

1952 fue un año complicado para Rafael de León por el fallecimiento de su madre, la pérdida le causó una gran tristeza por la unión que tenía con ella. Quizás para evitar la melancolía y nostalgia el poeta quiso distanciarse físicamente más de Sevilla, regresando en contadísimas ocasiones.

En 1958 Concha Piquer llega a Isla Cristina con su espectáculo “Puente de Coplas”, tras su actuación decide retirarse por su descontento con la interpretación aquella noche de “Mañana sale”. Este hecho marcó un antes y un después en el trío, cuyos integrantes comenzarán a trabajar con otros colaboradores paralelamente. Aún así la unión con Quiroga y Quintero seguiría vigente durante muchos años más.

En este momento aparece en su vida la figura del Maestro Juan Solano. La retirada y muerte de los colaboradores del músico, Ochaita y Valerio, motivaron la unión a León. Juan Solano comenzó musicando algunos poemas y sonetos contenidos en el libro “Penas y alegría del amor”. Los resultados fueron distintos a la copla anterior, atrás quedaban esas historias con principio y fin para dejar paso a las directas declaraciones de sentimientos. Se inauguraba entonces una nueva época creativa con nuevas voces femeninas, entre ellas Gracia Montes o Rocío Jurado.

El propio Rafael de León reconoció que “Un clavel” en la voz de Rocío Jurado cerraba un ciclo, culminaba la Copla. Junto a Solano compuso otros grandes éxitos como “Tengo Miedo” o “A tu vera”. A estas alturas las composiciones de León ya eran vistas con cierta reserva por parte de determinados sectores, por ejemplo, sobre “A tu vera” se dijo cuando se estrenó que solamente “sería cantada durante 48 horas”.

Gran celebridad también tuvieron los poemas de Rafael de León que fueron musicados por Solano: "Trece de Mayo" (poema "Así te quiero") para Concha Piquer, “Compañero” cantada por Marifé de Triana, “Con ruedas de Molino” por Rocío Jurado o el poema “Duda”, que bajo el título “Mi amigo” fue grabado por Rocío Dúrcal y Rocío Jurado.

La adaptación de las letras de Rafael de León a nuevas tendencias musicales fue toda una realidad con la canción “Te quiero, te quiero”, cuya música corrió a cargo de Augusto Algueró. La canción fue compuesta pensando en que sería interpretada por Lola Flores, pero finalmente fue cantada y popularizada por Nino Bravo, convirtiéndose en uno de sus éxitos y en la canción más sonada de 1971.

Es en esta época cuando de nuevo sus letras vuelven a convertirse en una especie de himno anclado en la memoria popular con la composición de sevillanas a las que puso musica el maestro Pareja Obregón, éstas fueron "Sevillanas de Triana", "¡Qué guapa está Sevilla!", "Que también es de Sevilla" y "La historia de una amapola"

A estas alturas la vida de Rafael de León había cambiado mucho, era más sencilla. El poeta cambió de domicilio, hospedándose en un pequeño hotel de la calle Sainz de Baranda de Madrid, donde seguía escribiendo letras.

Finalmente, un jueves 9 de diciembre de 1982 fallece Rafael de León por un ataque al corazón. Fue el final de una carrera que culminaba con unos ocho mil títulos, con la obra más difundida de un poeta en España. La obra de Rafael de León fue una banda sonora, la expresión sentimental del pueblo cantada por las mejores voces de su época, una obra que nacía desde el alma para tomar forma en las gargantas de grandes intérpretes, que llevaron al pueblo unas letras llenas de saber popular, sentimientos y valentía. El legado de León nació en el alma y terminó heredándose boca a boca durante generaciones.

En 1988 Juan Solano recopiló una serie de letras escritas antes de su muerte y les puso música, estas canciones fueron presentadas en un sentido homenaje que se celebró en los jardines del Real Alcázar de Sevilla, la intérprete no pudo ser otra que su adorada Rocío Jurado, aquí se presentaron títulos tan conocidos como “Pastora Imperio”.

Sevilla, su ciudad natal, fue decisiva en la conformación de su producción. Numerosas coplas y personajes están tomadas de la realidad cotidiana de la ciudad, de sus plazas, barrios, cafés cantantes y patios floreados. Durante su estancia en Madrid, Rafael solía bajar cuantas veces le eran posibles hasta el fallecimiento de su madre, que redujo sus visitas a la Semana Santa, cuando se escondía en Sierpes para ver el discurrir de las cofradías.

Sevilla, Plaza del Museo. En este enclave enmarcó Rafael de León (1933) el pasional amor que el pintor Juan Miguel sintió por la jovencita Triniá, que "por las tardes como una rosa de los jardines que hay a la entrá" posaba para el artista "como si fuera la Inmaculá".

Esconderse es una palabra clave para comprender la forma de ser de Rafael de León. Nunca escondió su personalidad, vivió como sintió y como verdaderamente fue y así lo expresó en muchos poemas. Sin embargo, fue tímido a la hora de aparecer públicamente. No fue nunca partidario de los grandes reconocimientos y homenajes hacia su persona, por ello jamás aparecía para recibir los aplausos al final de los espectáculos; a él le gustaba más estar encerrado en los teatros durante las largas jornadas de ensayos, supervisándolo todo, hasta el vestuario. La entrega con su obra y sus musas fue tal que siempre estuvo pendiente de ellas, indicándoles cuando tenían que suspirar, las candencias, en definitiva, dirigía la interpretación de éstas hasta el último detalle.

En el trato con los demás destacó su carácter afable, sencillo y amable, también generoso. Rafael de León quiso mucho a su entorno más inmediato y éste a él. Doña Concha Piquer le llamaba “hermano” cada vez que hablaba de él. Juanita Reina y Rocío Jurado expresaron siempre que pudieron su amor hacia el poeta, estando con él hasta el final de sus días.

Ejemplo de su timidez y generosidad fue la donación a sus hermanos de sus títulos nobiliarios. En su condición de primogénito heredó tres títulos: Marqués del Valle de la Reina, Marqués de Moscoso y Conde de Gomara. Tan sólo se quedó con el primero, el segundo se lo cedió a su hermano Federico y el tercero a su hermano Antonio.

Rafael de León fue además un hombre valiente, con gran sentido del humor e ironía, también fue enormemente supersticioso y maniático. La vida de Rafael de León huía de todo tipo de responsabilidades, incluidas las impuestas por las manecillas del reloj, objeto que odiaba, ya que nunca tuvo horarios. Otra de sus manías era la de no conducir, algo a lo que se negó terminantemente, siempre iba en taxi hasta el final, que contrató a un chófer. Como la mayoría de los artistas era un hombre tremendamente supersticioso, nunca permitía que nadie hiciese punto sobre el escenario, llevaba muy mal que se oyesen campanas en la escena o que algún artista se sentase sobre la concha del apuntador.


Placa de azulejos que conmemora el nacimiento de Rafael de León en su casa natal, situada en la calle San Pedro Mártir de Sevilla; junto al Museo de Bellas Artes.







[próxima entrada: La figura de la mujer en la vida y obra de Rafael de León].

2 comentarios:

[ javiersubires ] dijo...

Yo sólo quiero más y más entradas tuyas...

:)

budha dijo...

Me encanta, siempre me ha gustado todo lo referente a la canción española, y nunca habia leido nada de sus creadores, ahora ya se un poco más. Gracias.